Como te anticipaba en la carta anterior, hace un mes que el iglú fue completamente tomado por especímenes humanos más o menos identificados.
Honey, ilustre locutora argentina, tuvo el detalle de darle unos días de paz a su hermano sacrificar unos días de sus vacaciones por... ¡¡¡probar la experiencia del iglú!!! Para entonces, los pingüinos ya se habían fugado, así que al final tuvo que conformarse con nosotros.
Ante el temor de su hermano a que fuera devuelta antes de lo esperando, decidieron sobornarme con cientos de regalos. Y funcionó. Créeme, Umpitas, que superaron la ya de por sí enorme cantidad de presentes que trajeron Inés y Sonieta allá por octubre... y que antes de aquello, la vez que más regalos había recibido debió de ser alguna Navidad de hace como 20 años.
(Nota: futuras visitas, tendréis que superar esto... si no, absteneos de venir :p )
La imagen de la izquierda no es más que una visión aérea del chorreo de regalos traídos de Argentina, de Italia y alguno de aquesta nuestra humilde patria: chocolates variadísimos (de los que quedan poquitos ¡y no es ninguna indirecta!), decenas de regalos con referencias a felinos simplones, pingüinos, montones de detalles de Malfalda (alguno de ella, lo que lo hacía aún más especial...)
Aunque está todo distribuido heterogéneamente por el iglú, te dejo algunas fotos para que lo veas más de cerca...
Supongo que una placa en la que ponga "Attenti al Umpa" no sería rentable, así que de momento ¡¡nos conformaremos con esta!! (En este preciso instante, sé que hay cientos de dueños de felinos simplones derritiéndose de envidia..., I know...)
Sin solución de continuidad, cual traumatismo cerrado... llegaron mis progenitores. Que tampoco se quedaron cortos. Vale que mi progenitor sea de letras..., pero...¡¡leche!! ¡¡¡mi progenitora era deliniante!!! Su concepto de la línea recta como camino más corto para llegar a un destino es un tanto... extraño. Es como si alguien pretende ir de París a Nueva York haciendo una paradita "de paso" en Kuala Lumpur. Pues ellos, igual... se desviaron 200km "de paso", pararon para traerme mazapanes y bizcochos de azúcar (de los que también me quedan poquitos... o ninguno... )
Conclusión... la idea de cebarme está extendida por toda la humanidad...
Creo que cuando el enanito de dos metros acude al iglú planifica mentalmente cómo hacer la próxima mudanza y de cómo hará para sacar mi culo de aquí cuando no me quepa por las escaleras de tanto comer.
Te habría puesto fotos de comida si quedase algo... pero apenas queda el pingüino de chocolate (que calculo que no le pueden quedar demasiados días de vida) y cuatro mazapanes...
En cualquier caso, aquí no acaba la crónica de las visitas, Umpitas... prometí fotos y las vas a tener (cortesía de Honey, que a falta de aprender a comprimir un archivo, me alegró la mañana al ver la bandeja de entrada al borde del colapso con emails de fotos) Pero será en la próxima carta... que esta vez sí, tardará poquito...
Dulces caricias
PD: Y para los cotillas que estén hambrientos de jalear las fechorías del Umpa y crean que lo interné en un monasterio y se hizo bueno... no dejéis de estar atentos... que para después de semana santa os presentaré la nueva decoración del iglú y pediré fondos para su reconstrucción...













